miércoles, 17 de enero de 2018

La magia de un instante

Aquella mañana iba paseando por el campo y me encontré unos caballos que me miraban fijamente, detrás de un cercado. Sentí un impulso inesperado y empecé a hablarles y, entre otras cosas, les dije: "Sed felices, todo os ama". Fue entonces cuando sentí la voz de Ernest que me decía: "Y a tí también, mamá, todo te ama." A partir de aquel momento fuí escuchandolo durante todo el camino, y cuando llegué a casa, corrí a escribir sus palabras.

"Y a tí también, mamá, todo te ama. Este sol que te calienta, que ilumina los colores de tu paisaje, que los hace más brillantes, que los alegra... Esta luz que penetra tu piel, que llena de energía tus células y que llena de vida el planeta.


Este aire, este viento que da voz a las cosas que aparentemente no la tienen, que da voz, como tú, a las cosas que no se ven. Este viento que se transforma en las olas del cielo, que viene de lejos, que sientes cómo se acerca, que escuchas su voz lejana cada vez más potente hasta que estalla sobre tí, y cómo hacen las olas, pasa y continúa su camino y vas sintiendo su voz que se aleja... Y el silencio. Entre ola y ola se hace presente el silencio hasta que te inunda totalmente... lo sientes, lo percibes... Intérvalos de silencio entre los aullidos del viento. Y la calma, la calma momentánea, se hace presente. El viento te convierte también en árbol. Se lanza sobre tí y te zarandea. Sacude tus cabellos como sacude las hojas de los árboles. Y te empuja, y te muestra su fuerza y tu resistencia y sientes su abrazo, suave o bravío, ¡tan límpio! ¡tan potente! Te contagia su fuerza y mueve todo aquello que aparentemente no se mueve. Y traslada, revolotea y arrastra todo aquello más débil que él. Juega con las cosas, hace carreras con las hojas, hace bailar el maiz de los campos y hace que todo cobre vida.


Y la tierra, esta tierra que te sostiene, que te mantiene, que te ofrece tantas texturas diferentes, tantas vidas diferentes donde caminar, donde apoyar los pies; tantos caminos diferentes, tantos paisajes diferentes, tantas vidas diferentes. Esta tierra que permite que te enraízes y que se enraíze todo aquello que necesita estar bien conectado a ella para crecer. Esta tierra fuerte, profunda, llena de amor, que se entrega totalmente a los frutos de su cuerpo y se da, se hiere, se cura, se regenera y se vuelve a entregar. Como una madre. Como tú, mamá, que te has volcado a hacerme feliz, pleno, acompañado, con felicidad, con alegría, con palabras, con poesía, con canciones, con lecturas, con un amor infinito que continúas dándome más allá de mi vida física, más allá de la distancia, del tiempo y de los sentidos físicos.


El agua también te ama, mamá. El agua que da vida, que permite que todo viva. El agua alimento, el agua limpieza, el agua espejo, el agua reflejo; el agua poderosa que sacude, que crece, que se hace gigante, que estalla, que se expande y luego se retiene, que se irrita y después se calma... El agua paz, el agua belleza, el agua música, el agua trueno... El agua que te permite entrar en ella, tocarla, mirarla, sentirla, pero nunca agarrarla. El agua humilde que se contiene en cualquier contenedor y que toma la forma de aquello que la contiene; el agua transparente, que no se ve... Como nuestra alma, contenida en todos y cada uno de los seres vivos que pueblan la Tierra. El alma transparente, serena, que no la ves, que no la puedes coger, que a veces calla, a veces susurra, y otras veces grita tan fuerte que no la puedes ignorar. El alma que da vida y sentido a nuestro paso por aquí. El alma agua, el alma viento, el alma fuego, el alma tierra, el alma éter.


Todo te ama, mamá. Y yo."

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