viernes, 29 de junio de 2018

Los escritos de Ernest

Este relato, Ernest lo escribió para un ejercicio del Instituto en enero de 2012. Refleja muy bién su pasión por la magia y el gusto y facilidad para escribir.
El día 9 de este mes de junio, lo leímos en la plaza de Tona, nuestro pueblo, durante los actos de celebración de los 25 años del Grupo d'Esplai "Güitxi-Güitxi", en el que Ernest había participado cuando era niño. Los monitores nos visitaron para explicarnos su deseo que Ernest estuviera presente de alguna manera en esta celebración, y nos ofrecieron un espacio para hacerlo posible.Sentímos una gran alegría y un agradecimiento immenso hacia ellos.


Ernest Sandoval                                                                                                                  16-1-2012


EL BOSQUE TROBEG

Jack era un niño de doce años, fantasioso y pensativo a quién le encantaban las novelas de magia. Pero, la suya, no era un historia como la de los demás; aunque él no lo supiera, su vida daría un giro radical que lo cambiaría para siempre.

Jack vivía en un pueblo bastante grande, que no llegaba a ser una ciudad. Era un lugar normal, al menos a simple vista, pero todos los habitantes desconocían la verdadera historia de aquel lugar. Un día cualquiera, en una calle como hay muchas, Jack caminaba tranquilamente. Volvía de la escuela y no tenía prisa. Mientras andaba, se detuvo de repente y se volteó. A su izquierda había un paso estrecho sin salida que cada día veía, pero sin saber por qué, aquel día le llamó poderosamente la atención. No había nadie ni se veía nada extraño, pero notaba una especie de fuerza que le impedía dejar de mirarlo. Cuando hacía un par de minutos que observaba, de repente, un viento glacial, nada corriente en aquella época del año, lo embistió por detrás y lo empujó con una violencia extrema. Jack quiso gritar, pero no le salió ningún sonido. Cruzó rápidamente el paso estrecho y se precipitó hacia la pared del fondo. Cerró los ojos y se cubrió la cara con las manos, pero el golpe no llegó y, súbitamente, el viento paró. Lentamente, Jack bajó los brazos y lo que vió lo dejó estupefacto. Ante suyo había una extensa clariana rodeada de unos immensos robles. Los árboles estaban cubiertos de hojas verdes y brillantes y, entre ellas, los pájaros cantaban alegres. De lejos se escuchaba el sonido de un riachuelo. Jack se giró y vió una especie de arbustos que formaban una arcada, seguramente había entrado por allí. El chico estaba boquiabierto. "¿Estoy muerto?", pensó, mirando a su alrededor. "No" dijo una voz profunda en su cabeza. Jack pegó un salto y volteó en todas direcciones, sin ver a nadie. "Bienvenido al Bosque Trobeg" continuó la voz.



-¿Quién... quién me habla?- Preguntó el chico. La voz rió. "El Bosque", dijo en su cabeza. Jack no entendía nada, ¿El bosque le hablaba? Cada vez se creía más la teoría de que había muerto. La voz continuó: "Tú, chico, has sido escogido para ser el nuevo Guardián."

-¿El guardián de qué? - Preguntó Jack, mirando en vano de dónde procedía la voz. "El guardián del bosque. Tu misión es evitar que ningún tipo de ser cruce el portal, ya que si alguno de ellos lo consiguiera, obtendría todos los secretos que esconden estos árboles. Para impedir que esto pase, debes aprender los conocimientos de la magia. Pero, serás tú que decidirás si aceptar o no esta misión. Ahora viene cuando te pregunto: ¿Quieres aceptarla y ser el nuevo Guardián del Bosque Trobeg?"

Jack se lo pensó: Aquello quería decir que su vida cambiaría para siempre. A él la magia siempre lo había fascinado, pero no sabía si le gustaba hasta ese punto... Estuvo un rato pensando y discutiendo interiormente pero, finalmente, levantó la cabeza y mirando hacia las profundidades del Bosque dijo con voz clara y segura:

-Sí.

Durante los siguientes seis años, cada tarde iba al bosque y aprendía el complicado mundo de la magia que el bosque le enseñaba. Le eneantaba y aprendía con facilidad. Durante aquel tiempo había echado fuera una bruja de nariz torcida y muy fea, un hombre lobo pavoroso y un ogro enorme que le costó mucho de ahuyentar. Aún así, no se acobardó y continuó yendo al bosque cada día de su vida, y cada día volvía a recordar cómo, cuando era un niño, había entrado por primera vez en aquel bosque, en aquel bosque maravilloso que le había cambiado la vida.

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