¡Nieve, cuánta nieve! ¡Qué regalo!
Todo blanco, todo suave, todo silencio, brillantez, alfombra bañada de sueños, de magia, de ternura. Todo es posible...
Cuando algún imprevisto, cuando algún fenómeno rompe la cotidianidad, la trunca, la gira... todo es posible.
Sueños, deseos, ilusiones, fantasías... empieza la creación.
Salgo y ando, hundiendo los pies en la nieve virgen que aún no ha pisado nadie. Siento el sonido sutil de mis pasos cuando comprimen aquellos copos que se han unido para formar este suelo blando y amable que acepta mi peso y deja que dibuje en él la forma de mis pies.
Me viene al pensamiento las pizarras tradicionales que suelen ser oscuras y en las que es preciso un yeso blanco para dibujar en ellas. La pizarra que forma la nieve es blanca, brillante, no hace ruido, y deja que mi imaginación cree a lo grande. No hay límites de espacio, la tendida blanca se deja querer.
Hundo un palo en la nieve sin herirla, sin hacerle daño, y dibujo en ella lo que más amo, lo que llevo en el corazón y que da sentido a toda mi vida, la que he vivido, la que vivo y la que viviré hasta que
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también me vuelva invisible y volàtil, como este copo de nieve que desciende en medio de tantos otros y que sigo con la mirada hasta que cae y pierde su identidad para diluirse en un Todo que hace posible el milagro de canviar el color, el sonido, la textura, el hacer insconsciente y cotidiano de nuestras vidas para transformar un día, un simple día, unas simples horas, en una vivencia diferente que nos devuelve a nuestra esencia, a la felicidad de la inocencia y la sencillez, al reencuentro del silencio y la calma de dentro y de fuera, al reencuentro con nosotros mismos, con nuestro ser libre, poderoso y feliz que todos llevamos dentro.
La nieve, esta nieve que ha caido... ¡Qué regalo de vida!

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