¡Es tan extraño, tan fuerte,
tan alucinante, tan aleccionador!
Ahora
que nuestro mundo se ha parado, que nuestra actividad humana ha parado, que un
minúsculo virus invisible nos ha parado y nos ha confinado en casa… Ahora que
los animales bajan de sus lugares aislados y escondidos donde los humanos les
hemos obligado a confinarse con nuestra actividad desmedida; ahora que se están
haciendo visibles y empiezan a pasear por las calles que han dejado de ser
peligrosas y contemplan los “bichos” humanos que los miramos a través de las
ventanas… Ahora que la atmósfera es más limpia de lo que ha sido durante mucho
tiempo y el aire es fresco y puro y la contaminación ha bajado… Ahora,
nosotros, tenemos que salir a la calle con mascaritas!
¿Nos
damos cuenta de lo que nos está enseñando la Naturaleza? Si nosotros
desapareciéramos como humanidad, la Tierra solita se recuperaría en poco
tiempo; los animales y las plantas se dispersarían en libertad y la volverían a
llenar con mucha más armonía que la que nosotros hemos aportado hasta ahora.
¿Quién
es el verdadero parásito que la enferma hasta extremos que la mayoría de
nosotros desconocemos y que no queremos conocer? ¿Quién es el verdadero
causante de esta pandemia y de estos tiempos que estamos viviendo?
Y
aún nos quejamos por tener que quedarnos en casa… ¡en casa! No en la calle, no
en una cueva, no en un campo de refugiados, ni debajo de un puente… ¡en casa!
Nos continuamos lamentando de tener que quedarnos en casa y no nos damos cuenta
de que la Tierra nos está dando una oportunidad de oro para replantearnos qué
estamos haciendo con nuestra vida y con la vida del planeta, donde nuestros
hijos e hijas, nuestros nietos y nietas y todos los que los sigan tendrán que
vivir.
La
Tierra está enferma y ha soltado un gran estornudo. Y con este estornudo todos
hemos empezado a temblar. Nos ha hecho sentir de nuevo en carne propia nuestra
vulnerabilidad, nuestra pequeñez, nuestra impotencia… Toda una lección de
humildad, toda una oportunidad de mirarnos como humanidad y como individuos. Nadie puede decir: “Yo no he hecho nada”.
Todos hemos hecho, por activa o por pasiva. Todos sabemos que esto no puede
continuar, que estamos destrozando esta Tierra, que se está destrozando por
intereses puramente especulativos, económicos y de poder. Nosotros también
somos los afectados, pero actuamos como si no lo fuéramos, como si no nos lo
creyéramos, como si las agresiones continuas a la Tierra no tuvieran nada que
ver con nosotros, cuando nosotros colaboramos a hacer que las cosas continúen
igual, consentimos a jugar el juego de los que se enriquecen gracias a nuestro
trabajo, a nuestra dependencia laboral, y a nuestros miedos. Toda una red muy
bien organizada por los que ejercen el poder... Pero el sistema no es
invulnerable, un ser pequeño e invisible, un virus, lo está poniendo en
evidencia. Y des de casa, quietos, sin acción, lo estamos viendo, lo estamos
comprobando y también nos estamos mirando.
Ahora
que la Naturaleza vuelve a rebrotar, a sanar, a mostrar su esplendor y su
capacidad de regeneración, a nosotros nos aparta de poderla gozar, porque nosotros,
una gran parte de nosotros, no sabemos gozar de la naturaleza, lo hemos
olvidado. Nosotros nos aprovechamos de la naturaleza, la utilizamos, .No la
valoramos, no le agradecemos sus dones ni la respetamos.
La
pregunta es: ¿Y qué hacemos? ¿Qué hará
cada uno de nosotros cuando sea el momento de volver a nuestra vida cotidiana? ¿Habremos
cambiado alguna prioridad en nuestra vida? ¿Sabremos vivir en coherencia con lo
que la Tierra nos está enseñando estos
días? ¿Sabremos mirar con otros ojos aquello que los intereses económicos están
haciendo con nuestro planeta? ¿Tomaremos consciencia de cómo están afectando
nuestra salud, nuestra armonía, nuestro sentido de la vida, nuestra manera de
vivir como humanidad? ¿De verdad continuaremos creyendo que la vida es esto? Ir
a remolque constante del reloj, de la adicción a un trabajo mal pagado, o
injusto, mientras aún hay continentes enteros que se mueren de hambre, de
enfermedades creadas, de pobreza? Y no porque no tengan riqueza, sino porque
unos cuantos intereses económicos necesitan que haya lugares en la Tierra donde
poder hacer sus experimentos y donde verter su basura.
La
Tierra, la vida, nos ha puesto en modo
“PAUSA” para mirar, para comprobar, para pensar, para sentir... Para mirarnos,
para sentirnos, para sorprendernos, para conocernos, para amar todo aquello que
hemos dejado tras las ventanas y que cuando teníamos libertad para gozarlo no
le dábamos demasiada importancia.
Esta
pandemia pasará, sí, llevando colgado a sus espaldas un montón de personas
fallecidas, de impotencias, de descuidos, de malos usos, de malos gobernantes,
de grandes faltas de previsión, de inoperancia, de orgullos caídos, de
disfraces rotos… Pero también de grandes héroes humildes, valientes, humanos compasivos, honrados, profesionales de todos niveles y alejados de los que
ostentan el poder; de personas que han sido capaces de gestionar con
creatividad este confinamiento y transformarlo con solidaridad, con
generosidad, con alegría, con oportunidad, creando espacios nuevos dentro de
casa, nuevas maneras de relacionarnos,
otra manera de vivir desde el amor, la confianza, la aceptación del momento y
la calma.
Han
caído muchas máscaras, sí, y no me refiero a las que nos vemos obligados a
llevar para salir de casa. La vida ha dejado al descubierto los juegos y las
trampas de un sistema que no piensa en la humanidad, sino solamente en el lucro
personal de unos cuantos. Ya no tenemos excusa si no cambiamos nada, si
seguimos acotando la cabeza para simular que no pasa nada, si continuamos
haciéndonos selfis falsos para intentar mostrarnos como no somos, como no
quisiéramos ser.
Tenemos
la posibilidad de cambiar, de tomar consciencia del por qué nos está pasando
esto y de aprovechar este tiempo para decidir qué podemos cambiar
personalmente, en nuestra vida cotidiana, para distanciarnos de este sistema
que juega con nuestras vidas y la vida de este planeta que nos sustenta y nos
sostiene. Por poco que cada uno podamos hacer, si lo hacemos, esto repercutirá
en la gente que nos rodea y podrá ser como la pequeña gota de agua que cae al
mar y que, minúscula como es, empieza a generar ondas concéntricas cada vez más
grandes.
No
es un juego, no es una broma. Es un aviso, una sacudida de amor. Va más allá de
nuestros miedos, de nuestro dolor e impotencia. Va a buscar esta parte nuestra
capaz de observar, de discernir, de amar, de valorar, de decidir y de actuar.
Esta
pandemia seguramente pasará, pero no evitará que puedan venir otras, porque…
¿Qué hacemos nosotros cuando queremos hacer limpieza a fondo de casa?...
Apartamos muebles, levantamos alfombras, ordenamos armarios regalando lo que no
nos hace falta y dejando espacio para lo nuevo y lo que sí necesitamos, sacamos
el polvo acumulado de los rincones más discretos, abrimos ventanas para
ventilar el aire viciado y dejar entrar el aire limpio y puro.
¿Qué
creemos que está haciendo la Tierra, sino intentar limpiar a fondo su casa?
Estornuda y se sacude para dejar al descubierto toda la porquería y el daño que
ha acumulado con tantos años de especulación, de intereses económicos, de
corrupción, de escalada tecnológica sin miramientos, sin corazón, sin otro
objetivo que no sea el beneficio de unos pocos que lo controlan todo y que nos
controlan a todos. ¿Qué está haciendo la Tierra, sino abrir la ventana e intentar
respirar un aire más puro?
No
estamos separados. La vida del planeta y nosotros no estamos separados, nos
interrelacionamos constantemente aunque no seamos conscientes de ello. Nuestras
acciones en el día a día las trasladamos a la Tierra, y la Tierra actúa como un
espejo para nosotros. Una acción influye en la otra, somos partes indivisibles
de la misma vida, por mucho que nos hayan enseñado a esforzarnos para ser
diferentes, mejores, superiores, más inteligentes, más poderosos…. No estamos
separados de la vida. Nosotros, y todo lo que nos rodea, somos la vida.
La
Tierra, nuestra madre Tierra, nos pide parar, nos pide un cambio, nos pide
cambiar. Seamos conscientes de esta llamada. Podemos salir del Arca de Noé a
trompazos, pegando codazos aquí y allá para ser los primeros de salir por
encima los demás sin haber aprendido nada, o podemos salir con serenidad, con
calma, mirando e imaginando la nueva Tierra que podemos construir de nuevo
todos juntos con otros parámetros. Tenemos
este poder, lo tenemos en nuestras manos, en muestra mente, en nuestro corazón.
Si no lo tuviéramos, no estaríamos aquí, ya no lo estaríamos viviendo
Dolors
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Dolors
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