lunes, 13 de abril de 2020

CÓMO SALDREMOS DEL ARCA DE NOÈ


¡Es tan extraño, tan fuerte, tan alucinante, tan aleccionador!

Ahora que nuestro mundo se ha parado, que nuestra actividad humana ha parado, que un minúsculo virus invisible nos ha parado y nos ha confinado en casa… Ahora que los animales bajan de sus lugares aislados y escondidos donde los humanos les hemos obligado a confinarse con nuestra actividad desmedida; ahora que se están haciendo visibles y empiezan a pasear por las calles que han dejado de ser peligrosas y contemplan los “bichos” humanos que los miramos a través de las ventanas… Ahora que la atmósfera es más limpia de lo que ha sido durante mucho tiempo y el aire es fresco y puro y la contaminación ha bajado… Ahora, nosotros, tenemos que salir a la calle con mascaritas!

¿Nos damos cuenta de lo que nos está enseñando la Naturaleza? Si nosotros desapareciéramos como humanidad, la Tierra solita se recuperaría en poco tiempo; los animales y las plantas se dispersarían en libertad y la volverían a llenar con mucha más armonía que la que nosotros hemos aportado hasta ahora.

¿Quién es el verdadero parásito que la enferma hasta extremos que la mayoría de nosotros desconocemos y que no queremos conocer? ¿Quién es el verdadero causante de esta pandemia y de estos tiempos que estamos viviendo?

Y aún nos quejamos por tener que quedarnos en casa… ¡en casa! No en la calle, no en una cueva, no en un campo de refugiados, ni debajo de un puente… ¡en casa! Nos continuamos lamentando de tener que quedarnos en casa y no nos damos cuenta de que la Tierra nos está dando una oportunidad de oro para replantearnos qué estamos haciendo con nuestra vida y con la vida del planeta, donde nuestros hijos e hijas, nuestros nietos y nietas y todos los que los sigan tendrán que vivir.



La Tierra está enferma y ha soltado un gran estornudo. Y con este estornudo todos hemos empezado a temblar. Nos ha hecho sentir de nuevo en carne propia nuestra vulnerabilidad, nuestra pequeñez, nuestra impotencia… Toda una lección de humildad, toda una oportunidad de mirarnos como humanidad  y como individuos.  Nadie puede decir: “Yo no he hecho nada”. Todos hemos hecho, por activa o por pasiva. Todos sabemos que esto no puede continuar, que estamos destrozando esta Tierra, que se está destrozando por intereses puramente especulativos, económicos y de poder. Nosotros también somos los afectados, pero actuamos como si no lo fuéramos, como si no nos lo creyéramos, como si las agresiones continuas a la Tierra no tuvieran nada que ver con nosotros, cuando nosotros colaboramos a hacer que las cosas continúen igual, consentimos a jugar el juego de los que se enriquecen gracias a nuestro trabajo, a nuestra dependencia laboral, y a nuestros miedos. Toda una red muy bien organizada por los que ejercen el poder... Pero el sistema no es invulnerable, un ser pequeño e invisible, un virus, lo está poniendo en evidencia. Y des de casa, quietos, sin acción, lo estamos viendo, lo estamos comprobando y también nos estamos mirando.

Ahora que la Naturaleza vuelve a rebrotar, a sanar, a mostrar su esplendor y su capacidad de regeneración, a nosotros nos aparta de poderla gozar, porque nosotros, una gran parte de nosotros, no sabemos gozar de la naturaleza, lo hemos olvidado. Nosotros nos aprovechamos de la naturaleza, la utilizamos, .No la valoramos, no le agradecemos sus dones ni la respetamos.

La pregunta es: ¿Y qué hacemos? ¿Qué  hará cada uno de nosotros cuando sea el momento de volver a nuestra vida cotidiana? ¿Habremos cambiado alguna prioridad en nuestra vida? ¿Sabremos vivir en coherencia con lo que la  Tierra nos está enseñando estos días? ¿Sabremos mirar con otros ojos aquello que los intereses económicos están haciendo con nuestro planeta? ¿Tomaremos consciencia de cómo están afectando nuestra salud, nuestra armonía, nuestro sentido de la vida, nuestra manera de vivir como humanidad? ¿De verdad continuaremos creyendo que la vida es esto? Ir a remolque constante del reloj, de la adicción a un trabajo mal pagado, o injusto, mientras aún hay continentes enteros que se mueren de hambre, de enfermedades creadas, de pobreza? Y no porque no tengan riqueza, sino porque unos cuantos intereses económicos necesitan que haya lugares en la Tierra donde poder hacer sus experimentos y donde verter su basura.

La Tierra, la vida, nos  ha puesto en modo “PAUSA” para mirar, para comprobar, para pensar, para sentir... Para mirarnos, para sentirnos, para sorprendernos, para conocernos, para amar todo aquello que hemos dejado tras las ventanas y que cuando teníamos libertad para gozarlo no le dábamos demasiada importancia.

Esta pandemia pasará, sí, llevando colgado a sus espaldas un montón de personas fallecidas, de impotencias, de descuidos, de malos usos, de malos gobernantes, de grandes faltas de previsión, de inoperancia, de orgullos caídos, de disfraces rotos… Pero también de grandes héroes humildes, valientes, humanos compasivos, honrados, profesionales de todos niveles y alejados de los que ostentan el poder; de personas que han sido capaces de gestionar con creatividad este confinamiento y transformarlo con solidaridad, con generosidad, con alegría, con oportunidad, creando espacios nuevos dentro de casa,  nuevas maneras de relacionarnos, otra manera de vivir desde el amor, la confianza, la aceptación del momento y la calma.

Han caído muchas máscaras, sí, y no me refiero a las que nos vemos obligados a llevar para salir de casa. La vida ha dejado al descubierto los juegos y las trampas de un sistema que no piensa en la humanidad, sino solamente en el lucro personal de unos cuantos. Ya no tenemos excusa si no cambiamos nada, si seguimos acotando la cabeza para simular que no pasa nada, si continuamos haciéndonos selfis falsos para intentar mostrarnos como no somos, como no quisiéramos ser.

Tenemos la posibilidad de cambiar, de tomar consciencia del por qué nos está pasando esto y de aprovechar este tiempo para decidir qué podemos cambiar personalmente, en nuestra vida cotidiana, para distanciarnos de este sistema que juega con nuestras vidas y la vida de este planeta que nos sustenta y nos sostiene. Por poco que cada uno podamos hacer, si lo hacemos, esto repercutirá en la gente que nos rodea y podrá ser como la pequeña gota de agua que cae al mar y que, minúscula como es, empieza a generar ondas concéntricas cada vez más grandes.

No es un juego, no es una broma. Es un aviso, una sacudida de amor. Va más allá de nuestros miedos, de nuestro dolor e impotencia. Va a buscar esta parte nuestra capaz de observar, de discernir, de amar, de valorar, de decidir y de actuar.

Esta pandemia seguramente pasará, pero no evitará que puedan venir otras, porque… ¿Qué hacemos nosotros cuando queremos hacer limpieza a fondo de casa?... Apartamos muebles, levantamos alfombras, ordenamos armarios regalando lo que no nos hace falta y dejando espacio para lo nuevo y lo que sí necesitamos, sacamos el polvo acumulado de los rincones más discretos, abrimos ventanas para ventilar el aire viciado y dejar entrar el aire limpio y puro.

¿Qué creemos que está haciendo la Tierra, sino intentar limpiar a fondo su casa? Estornuda y se sacude para dejar al descubierto toda la porquería y el daño que ha acumulado con tantos años de especulación, de intereses económicos, de corrupción, de escalada tecnológica sin miramientos, sin corazón, sin otro objetivo que no sea el beneficio de unos pocos que lo controlan todo y que nos controlan a todos. ¿Qué está haciendo la Tierra, sino abrir la ventana e intentar respirar un aire más puro?

No estamos separados. La vida del planeta y nosotros no estamos separados, nos interrelacionamos constantemente aunque no seamos conscientes de ello. Nuestras acciones en el día a día las trasladamos a la Tierra, y la Tierra actúa como un espejo para nosotros. Una acción influye en la otra, somos partes indivisibles de la misma vida, por mucho que nos hayan enseñado a esforzarnos para ser diferentes, mejores, superiores, más inteligentes, más poderosos…. No estamos separados de la vida. Nosotros, y todo lo que nos rodea, somos la vida.

La Tierra, nuestra madre Tierra, nos pide parar, nos pide un cambio, nos pide cambiar. Seamos conscientes de esta llamada. Podemos salir del Arca de Noé a trompazos, pegando codazos aquí y allá para ser los primeros de salir por encima los demás sin haber aprendido nada, o podemos salir con serenidad, con calma, mirando e imaginando la nueva Tierra que podemos construir de nuevo todos juntos con otros parámetros.  Tenemos este poder, lo tenemos en nuestras manos, en muestra mente, en nuestro corazón. Si no lo tuviéramos, no estaríamos aquí, ya no lo estaríamos viviendo

                                                                           Dolors
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