martes, 20 de febrero de 2018

Conexión

Aquel día me levanté muy temprano. Estaba de vacaciones y salí sola a caminar por el camino que seguia al lado del rio, mientras los otros continuaban durmiendo. Cada vez me sentía más a gusto, me iba conectando a mí misma y a todo lo que me rodeaba.
Parecía que volvía a mí la claridad, la frescura. Me sentía en paz con lo que siento, con lo que soy... y de repente me encontré, inesperadamente, con un árbol que me miraba. Tenia la marca de un ojo muy claro, muy definido, intensamente definido, en la parte superior del tronco. Me quedé sorprendida, ¡no había duda de que era un ojo!
Me acerqué con respeto y amor y apoyé las palmas de mis manos en su tronco. Cerré los ojos y, como una riada, sentí en mi interior estas palabras:


"Todo el amor que buscas en el exterior, ya está dentro de tí.
  
           Toda la fuerza que necesitas y esperas encontrar en el exterior, ya está dentro de tì.

                     Toda la compañía que buscas y deseas encontrar afuera, ya está dentro de tí.

                               Cuando encuentres todo esto dentro de tí, ya no te hará falta nunca más buscarlo en el exterior."

Sentí un profundo respeto y agradecimiento por aquel árbol y, a partir de aquel momento, todo lo que mis ojos miraban, todo lo que mis orejas escuchaban, todo lo que mis manos tocaban y todo lo que mi corazón sentía, se comvirtió en parte de mí. Yo era una con la Naturaleza, y la conexión que sentí me ayudò, una vez más, a comprender que nada de lo que existe afuera, nada de lo que nos pasa, nada de lo que nos llega, no nos es alieno. Todo, todo, nos hace de Maestro. Todo nos ama. Todo nos habla. Todo somos nosotros y nosotros somos Todo.

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