lunes, 5 de febrero de 2018

La nieve que invita

Ayer en la noche, nevó. No grandes cantidades de nieve, pero sí la  suficiente para que hoy los campos y los alrededores se vistieran de blanco: blanco-Ernest, blanco-Tav, blanco-pureza, blanco-generosidad, blanco-paz, blanco-luz, blanco-silencio, blanco-calma, blanco-magia, blanco-cambio.

Esta mañana he salido a pasear. Toda la noche he ido velando si la nieve continuaba cayendo. Recordaba cómo se ilusionaba Ernest cuando llegaba la promesa de nevadas.. ¡y yo! ¡Me encantaba despertarlo por la mañana cuando todo era blanco-sopresa, blanco-ilusión! Me gustaba y me hacía feliz cuando estaba en la escuela habiendo nevado porque sabía que se lo pasaria fantástico con los compañeros; me encantaba ir a buscarlo a la escuela si la nieve caida era suficientemente importante para que la escuela nos llamara, y me sentía feliz de saber que estaba en casa jugando, disfrutando de la novedad y de la oportunidad de un día imprevisto.

Me encantaba salir a pasear en la noche nevada con Chicho, con Ernest y con nuestra perra Neula... Aquella claridad de la nieve bajo los copos que caían, aquella quietud, aquel silencio roto solamente por nuestras carcajadas, nuestras batallas de nieve, las dificultades y el esfuerzo de Neula para venir a jugar con nosotros... Los muñecos de nieve que hacíamos en el jardín... Àlvar y Meri viniendo a verlos... Nuestra felicidad, que la nieve invitaba a vivir de otra manera, pero siempre abiertos, alegres, divertidos, felices...

Ahora, cuando cae la nive o existe la posibilidad que caiga, todo es Ernest. Porque siento que formas parte de mi emoción y de mi ilusón, porque siento cómo la tuya nutre la mía. Porque siento que estás conmigo y vivirás aquello que yo viva y te pueda transmitir.. Porque sé que tu amor, tu abrazo y tu mano no me dejarán nunca. Y aunque sienta añoranza o sienta  tristeza, aunque sienta ilusión o sienta alegría... Sea lo que sea que sienta, continuaré caminando.

Intento no traducir nada desde la cabeza, porque la mente es un juicio constante, todo lo etiqueta y clasifica. La hemos acostumbrado así. Pero ahora mi mente también sabe callar cuando escucho el silencio que me envuelve, lleno de sonidos sutiles, y me permite unos instantes de calma. I en esos instantes siento mi cuerpo, siento dónde estoy, siento mis pies y el peso de mi cuerpo, siento la respiración en mi vientre y me lleno de calma y paz... Y cambia mi manera de estar en el mundo. Siento mi presencia que llena un espacio, mi espacio, desde el cual contemplo la vida cómo va pasando, cómo todo pasa, cómo todo sucede ante mi mirada.

Saber estar aquí y ahora sin pensar en nada más, sin que una parte de mi mente intente definir la situación, sin que me arrastre a pensar que quizá tendría que estar haciendo alguna otra cosa... Estar presente sin ser nada, no siendo, es un milagro, és un descanso, es un placer, un alivio y un regalo.

Precioso mío, gracias  por este día tan hermoso, por haber compartido esta nevada conmigo.


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