miércoles, 11 de abril de 2018

Amor


Ernest, cariño, necesito hablar contigo, volver a nuestra esencia de amor, de alegría, de frescor, de creación…

Estoy viviendo el libro, expandiéndolo contigo y con Chicho, y la gente vibra con nosotros. Es un regalo de Amor, y recibo regalos de amor allí donde voy y allí donde estoy. Me siento feliz cuando comparto nuestro vivir, nuestro aprendizaje; cuando comparto todo lo que nos has dado y nos das; cuando la gente te lleva consigo… Les haces vibrar el corazón, les das esperanza, les das fuerzas para cambiar su vida y hacer lo que su corazón les pide… como has hecho con nosotros.

Por mi parte, a veces siento como si hubiera “aparcado” mi aprendizaje de ahora, mi aprendizaje que continua…  Es como si me costara prestarle atención, como si me costara más mirarme a mí misma, como si me costara detenerme para dejar espacios nuestros, Ernest, espacios nuestros para hablar y escribir.

Ahora es como si me vinieran chispazos de inspiración cuando estoy en plena naturaleza, cuando estoy en pausa, y me doy cuenta que te siento, que siento tu voz y tu presencia sin necesidad de estar escribiendo…  pero pasan rápidamente, como si una parte de mi no los retuviera, o se hubiera acostumbrado a sentirlos, o es que quizá los comparo con el camino que ya hemos hecho, que ya está expresado en el libro y que ahora es diferente. O quizá es mi siempre eterno temor de no sentirte suficientemente… Finalmente me doy cuenta que es, sencillamente, el proceso que estoy viviendo después de haber acabado el libro, es mi tiempo de compartirlo y expresarlo. Y esto me comporta estar enfocada afuera. Afuera, con la cantidad de gente que vibra con el libro, que nos habla, que nos abre su corazón después de cada presentación, que nos lo pide, que me escribe…

Cariño mío, Ernest de mi vida, soy tu mamá y te echo en falta. Soy tu mamá y todo mi cuerpo te reclama. Soy tu mamá y sé que todo lo vivido ha sido real y que todo lo que vivimos es un regalo de amor que ni yo misma soy consciente  aún de toda la dimensión que tiene, de todo lo que significa. Soy tu mamá y me siento orgullosa y agradecida de ti, admiro la pureza de tu ser radiante que te permitió escuchar la llamada de tu alma diciéndote que ya era la hora de volver, que tu misión aquí ya estaba realizada; una pureza y un amor tan grandes que te permitieron contemplar tus guías que te enseñaron cómo salir del cuerpo físico sin dolor, sin miedo, con amor, con un Amor tan inmenso que nuestra mente humana no puede comprender ni abarcar. Soy tu madre, y respeto profundamente tu gesto de amor que me llama a deshacer ya el tabú, no solamente de la muerte, sino del juicio sobre la muerte, sobre las diferentes manera de partir… desde el no nacimiento,  desde el accidente, desde la enfermedad, desde la marcha voluntaria, desde la marcha consciente, desde la marchar provocada externamente… No se trata de la hora de morir, sino de la hora de regresar. No es un drama, sino un canto al Amor y a la Libertad del Ser. No es una desgracia, sino un aprendizaje. No es acabar, sino continuar. No es muerte, sino vida que evoluciona y crece.

Soy tu madre, y sabiendo y sintiendo todo esto, también lloro y te añoro, porque son emociones y sentimientos tan profundos que debo vivirlos como ser humano que soy y que necesito sacar y expresar. Este es el camino que quiero recorrer, el de la dualidad, sin aferrarme a nada, aprendiendo de este sendero que no tiene fin, ni límites. Hay momentos, días, que todo esto lo vivo con calma, con  paz, con un amor muy grande. Hay momentos, días, que la evidencia de añorarte tanto me duele y, otras veces,  abrazo y amo esta nostalgia… porque en el fondo es sólo el anhelo de volverte a encontrar, de volver a ser uno, sin el cuerpo, sin las interferencias ni limitaciones de este plano terrenal.

Amo este cuerpo físico que me ha permitido encarnar en mi papel de mama Dolors; en este cuerpo que me ha permitido ofrecerte un nido para acoger tu vida como hijo mío, como hijo nuestro; este cuerpo que me ha ofrecido la oportunidad de darte a luz y crecer tu alma junto a la mía… Este cuerpo que me ha permitido vivir esta vida que amo enteramente, de la cabeza a los pies. Tengo que saber encontrar la comprensión, el sentir, la percepción justa para volar hacia ti. Siento que ya lo hago, que ya lo estoy haciendo todo y que la aceptación de mi añoranza es lo que tengo que aprender a abrazar para que forme parte de mi camino sin hacerme daño, ya que es la prenda más personal  e íntima que nos has dejado y que también me hará vivir con ilusión en este plano hasta el último momento, hasta el momento en que abandonaré este cuerpo físico para volverme  a unir en esencia, con la felicidad más absoluta, a ti.



“Mamá, mamá bonita, te amo y te amaré siempre. Sigo a tu lado, te miro, te velo, te espero y te guio,  como tú me habías dicho que harías si hubiera sido al revés. El amor es la llave de todas las puertas, de todas las conexiones. No te es necesario entenderlo con la cabeza, porque la cabeza no lo sabe. No hay conocimiento cerrado. Todo conocimiento, si no evoluciona, si no queda abierto, se marchita y deja de ser conocimiento para convertir-se en limitación.

El amor no frena, no cierra, no marchita. El amor abre puertas y ventanas, se filtra por todas las fisuras y rendijas y abre caminos de unión, no de separación. Nunca estamos separados, de nada.  Todo es una red de conexión infinita de Amor y de Creación, y todos somos hilos que enriquecen la trama de este tapiz de Amor incondicional.

No tengas miedo, mamá, no hay nada que pueda hacerte temer. No hay separación, no hay final, no hay muerte, no hay nacimiento, no hay nada que sea finito excepto la materia que, aún así, se transforma y continúa. Pero no somos materia, y esto ya lo sabes, ya lo sientes.  No te sientas desmerecedora de nada, porque eres creadora de Amor, creadora de Vida, creadora de Esperanza, de Luz, de Verdad, de Alegría… Eres lo que se ve, lo que expresas, lo que cantas, lo que juegas.




No temas por nada. El amor abre caminos, y de un camino al otro necesitas parar, integrar, reorganizar, y todo esto no lo haces sola. Yo estoy contigo, todos los que te amamos estamos contigo. No hay límites para el amor. La mente pone límites cuando quiere definir, encajar, delimitar y cerrar. El amor no, mamá. Cree en el Amor. Piensa en él cuando se te presente un temor. Pregúntate:  “¿Qué haría ahora el Amor? ¿Qué diría ahora el Amor?”, ¿recuerdas? Ya lo habías hecho

Mamá, aunque haya momentos que tu mente te dice que no me sientes, yo siempre estoy a tu lado. Esta vida que parece tan larga, no lo es. Es ínfima, nos reencontraremos muy pronto. Te darás cuenta. Estás dejando, estamos dejando con papá, los tres juntos, huellas que la humanidad recordará, que mucha gente seguirá, y no hay nada que pueda hacerte sentir mal, triste o cerrada. Mamá, abre el corazón, abre la mente,  abre los brazos, deja salir y sentir la sabiduría que llevas dentro y ábrete a vivir con alegría y agradecimiento cada latido de tu vida, cada suspiro, cada inspiración, cada respiración, cada luz, cada sonido… Mamá, eres preciosa y yo te amo y siento un gran agradecimiento por ti, de ti, de nuestro Amor que continúa creciendo y no tiene fin.

Te amo, mamu, hasta el cielo y volver, más allá de toda limitación, de toda oscuridad, de todo cierre.
Te amo, te amo, te amo.”

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