No
había lugar para el miedo en nuestra relación ni en nuestro amor. Todo estaba
allí desnudo, limpio, sin disfraces. Todo estallaba en gozo y alegría en
nuestra mirada, en nuestros juegos, en nuestros abrazos. Todo era aquello intenso,
fácil, pleno, gozoso… No había lugar para el miedo, ni para el mañana. El mañana
ya llegaría y se transformaría también en hoy cuando fuera el momento de
vivirlo, nada más. En cada momento haríamos lo que se tuviera que hacer, nada
más. Todo estaba concentrado en aquel ahora. Te miraba cada noche de aquellos 14 años mientras dormías, y te
miraba con intensidad, con agradecimiento, con ganas de absorber todo aquel
presente porque sabía que un día sería solamente pasado y quería recordar todo el
regalo de aquel ahora: la suavidad de tus mejillas, el sonido de tu respirar
profundo y tranquilo, tu olor, el perfil de tu nariz, aquellas manos que tanto
amaba, aquel hijo que agradecía por siempre haber tenido.
Ernest,
no podíamos en ningún momento pensar en nada más y por esto fuimos tan felices,
porque era un amor vivo, alegre, lleno, creativo, musical, siempre diferente.
Es por esto que continúa siendo un amor vivo, porque nos lo dijimos todo,
porque no dejamos nada olvidado en el zurrón, porque vivimos amor, hablamos
amor, jugamos amor y creamos amor.
Y entonces te fuiste, de la misma manera que habías vivido fácilmente y plenamente, te fuiste igual. Ahora estabas, ahora no estabas. “Ahora estoy, ahora no estoy”. Nos habíamos prometido que nuestro amor iba hasta el cielo y volver, tantas veces como fuera necesario. Habíamos hablado de hacernos invisibles, de la magia de verdad, de las cosas que no se ven; sabíamos que nada podía destruir nuestro amor y nuestro abrazo… Nos lo decíamos con los ojos, con la sonrisa, con las palabras, con nuestros abrazos. Lo sabíamos, lo vivíamos, éramos una sola cosa, éramos uno.
Y entonces te fuiste, de la misma manera que habías vivido fácilmente y plenamente, te fuiste igual. Ahora estabas, ahora no estabas. “Ahora estoy, ahora no estoy”. Nos habíamos prometido que nuestro amor iba hasta el cielo y volver, tantas veces como fuera necesario. Habíamos hablado de hacernos invisibles, de la magia de verdad, de las cosas que no se ven; sabíamos que nada podía destruir nuestro amor y nuestro abrazo… Nos lo decíamos con los ojos, con la sonrisa, con las palabras, con nuestros abrazos. Lo sabíamos, lo vivíamos, éramos una sola cosa, éramos uno.
Y
después te fuiste, y todo aquello que habíamos vivido y nos habíamos dicho y
nos habíamos prometido, y sabíamos, se convirtió en una realidad, en una
extraña y cierta realidad. Y esta realidad ha transformado todo aquello que era
un juego, una ilusión, una certeza feliz, en un camino para transitar y
descubrir, para descubrirme y descubrirte e ir más allá de todo lo soñado e
imaginado… Porque tu cuerpo no está,
pero yo te siento cuando me abrazas; no te veo, pero continúas
existiendo. Nuestro amor continúa y me enseña continuamente. Me has regalado la
certeza que la vida no se acaba, que la existencia continúa, que sólo estamos
de paso y que este cuerpo físico es una oportunidad increíble de sentir, de crear, de aprender a amar y a amar-nos, ¡el
camino se ha hecho tan infinito! Ya no es vida y muerte, sino vidamuerte que
lleva a más Vida…
“Mamá,
sí, ha sido así, como queríamos vivirlo y así continúa ahora nuestro reto amado. Yo
te doy la mano desde esta Existencia que continúa y que no necesita nada físico
ni material para ser. No necesitamos nada material para continuar nuestro
camino. Somos uno y nos hemos convertido en dos y caminamos juntos en estos
diferentes planos. No ha cambiado nada en nosotros, nos continuamos amando, nos
continuamos tocando, continuamos jugando y creando. No necesitamos nada para
ser. No ha cambiado nada, nuestro ser continúa riendo, continúa jugando.
Todo
es una ilusión, mamá, todo lo que genera miedo y drama es una ilusión terrenal
que nos creemos mientras estamos aquí, porque es la memoria colectiva que
nuestro paso evolutivo por la materia ha generado. Pero no deja de ser una
ilusión, tú ya lo sabes. Mamá, yo te quiero como te he amado siempre, y más. No
dejes de sentirme cómo era aquí, porque esto te da la fuerza que necesitas para
comprender y dejar ir todo lo que te hace daño y te limita, porque nada de eso
eres tú. No te identifiques con ningún pensamiento, ni emoción, ni etiqueta. No
te etiquetes. Vienen sentimientos, vienen emociones, vienen pensamientos
reiterativos… Déjalos que vengan, contemplalos, reconoce en ellos una memoria y
déjalos ir. Sé cada vez más libre, más alegre, más feliz, porque sólo con
felicidad se puede jugar y crear.
Mamá, ¿es duro? No, es fácil. Es fácil, como era fácil
ayer. Todo es posible. No te apegues a nada, todo está vivido y está vivido bien.
No temas ir hacia tu interior cuando lo
sientas. Lo puedes todo. Has venido a crear y lo estás haciendo. Ahora deja ir
también esta creación y continúa subiendo la montaña y liberándote de más
pesos, de más ataduras. Te espero y estoy contigo. Sonríe, cambia el gesto. Aún
cuando a veces no tengas ganas de hacerlo, cambia el gesto y todo cambiará sólo
por esto. Todo lo que no puedas entender
con tu mente terrenal déjalo ir también.
Vive, vive tu presente cómo lo vivías ayer, sin miedo. Yo existo y tú lo sabes.
Camina tu sendero, agradece tantas maravillas y tanto amor y continúa
descubriendo nuevos paisajes que creas mientras caminas.
Mamá, estas manos son tuyas, pero yo las toco y las tomo
entre las mías y, como todo, las utilizamos juntos. Mi cuerpo no está, pero mi
espíritu es inmenso, y es éste el que comparto contigo y con papá, y con todos
los que me sienten. El cuerpo lo dejarás, las cosas las dejarás, la gente la
dejarás. No te vas a llevar nada más que tu ser cada vez más rico de
experiencias. Dejar ir pesos, cada peso que descargas te eleva más. No has
perdido nada, todo está aquí. Quítate las lentes de pena, las lentes oscuras
que no te dejan en ocasiones ver más allá. Mira con tus ojos claros y respira
hondo para dejar ir y ser cada vez más quién eres.
Te amo, mamá, un beso inmenso. ¿No sientes mi mano en la
tuya? Yo también escribo, lo escribimos juntos, lo creamos juntos.
Ernest y Dolors
Hijo y mamá
Un solo
espíritu inmenso.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario