miércoles, 24 de julio de 2019

60 AÑOS DE MELLIZOS

¡60 años. Abel, ya cumplimos  60 años! Y estamos aquí, los dos, compartiendo nuestra vida aunque sea de lejos, aunque haga días y días que no nos veamos, o que ni tan sólo hablamos. Nos sabemos, nos queremos, nos encontramos y confiamos en nosotros, en nuestro amor, en que estamos siempre cuando conviene, cuando nos necesitamos, cuando nos echamos en falta.
60 años parecen muchos, pero sólo es un dia más que se hace largo y confiamos que será eterno, porque así es éste eterno Ahora que vivimos y que nos obstinamos en medir, pesara y trocear.

Tú y yo, los mellizos, aún permanecemos aquí. Los demás de casa ya han dejado su cuerpo físico y han vuelto a la luz que somos y que siempre seremos. Aquellos dos hermanitos que se dormían abrazados y se tenían el uno al otro todavía estamos aquí. Estamos viviendo una vida larga, ¡y cuántas cosas nos han llegado a pasar! Cuántas cosas hemos vivido de todos los colores, con un despliegue de melodías diferentes que hemos bailado consciente o inconscientemente, con ganas o sin ganas, en compañía o solos… Hemos vivido todo aquello que se nos ha ido poniendo delante, que la vida nos ha ido presentando y que nosotros también hemos creado. Hemos crecido, hemos aprendido muchas cosas, hemos llorado mucho, hemos reído mucho, juntos y separados, con subidas y bajadas, con paisajes cotidianos y también imprevistos, con tormentas y con calma, con luz y con oscuridad, con alegría y con dolor… Hemos subido a diferentes escenarios, elegidos o no, hemos interpretado un sinfín de papeles y de guiones, hemos hecho actuaciones buenas y no tan buenas, con calidad y sin ella,  algunas como hemos podido y otras con excelencia, pero todas nos han enseñado a discernir el grano de la paja, aquello que nos hace sentir bien y en paz, y aquello que no. Hemos tenido grandes Maestros en nuestra vida, Maestros de Luz y Maestros de Oscuridad, y todos nos han ayudado a mirarnos, a reconocernos, a sentir. Hemos amado mucho y continuamos amando, y estamos aprendiendo también a amarnos a nosotros mismos y a creer en aquello que sentimos y que nos hace mejores, más sabios, más llenos, más en paz.

Nuestra familia siempre ha sido diferente. Nuestros padres nos ofrecieron amor dentro de la imperfección que todos somos y que nos deja espacio para crecer y evolucionar. Nuestro hermano Àlvar siempre nos abrió caminos y Ernest nos está haciendo grandes y nos permite hacer crecer estas alas que ignorábamos que tenemos. Todos nos están ayudando a llenar nuestra mochila con lo más necesario y dejar atrás aquello que nos pesa y que ya no necesitamos para avanzar con libertad y amplitud. Todos nos aman y los amamos. Y también nuestros compañeros de vida, los que aún tenemos al lado, los que nos aman y nos hacen felices, los que amamos para siempre, los que nos ponen retos, los cercanos y los más lejanos, los que nos cuestan y los que recibimos con placer.

Aún estamos aquí, caminando y creando este presente que desplegamos cada día ante nosotros, con nuestros pensamientos, palabras, acciones e intenciones. Hemos aprendido que todo va mucho más allá de lo que nos imaginábamos, que cualquier gesto nuestro, cualquier creación que sale de nosotros no cae en el vacío, sino que genera ondas concéntricas que no sabemos hasta dónde pueden llegar, ni quién las recibirá, ni las consecuencias que puedan llegar a tener más allá de nuestra mirada y de nuestra mente.

Abel, te quiero. Me siento segura de ti, de tu amor hacia mí y del mío hacia ti; me siento tranquila de la vida que vives y hasta he aprendido a no preocuparme. Sólo disfrutar de los momentos que estamos juntos, que reímos, que nos reconocemos en aquellas características y tonterías  tan nuestras, las que vivimos de niños y forman parte de nuestra historia. Aquella risa que sale de dentro y nos llena totalmente y que, a veces, sorprende a los que están a nuestro alrededor porque no tiene sentido aparente, porque es sólo una chispa que estalla y que nos transporta a aquella infancia, a aquel rol de mellizos que compartimos de pequeños, vivencias familiares que nos llenan de imágenes, aromas, palabas, experiencias del pasado que vivimos placenteramente, íntimamente y que nos devuelven, por unos momentos, a los mellizos que fuimos y que siempre seremos.

Ahora que sabemos que nada muere, que la vida continua siempre y que nos volveremos a reencontrar más allá de este mundo, el camino se hace tan amplio y eterno que la alegría y el amor crean la luz que nos guía y nos da la certeza que siempre estaremos juntos. Vamos dejando ir, poco a poco, los miedos que siempre nos hemos creído y vamos librándonos de todo lo que nos impide encontrar y sentir nuestra felicidad, aquella que Ernest nos ha mostrado, aquella que tenemos en nuestro interior y que nadie, excepto nosotros mismos, puede tapar.

Felicitémonos por los 60 años vividos y por la eternidad que somos; felicitémonos por nuestro amor que continua y por ser los mellizos que somos

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