El haiku de esta semana expresa ese motor que nos conduce
a sentir la vida como un regalo. Nuestro paso por este mundo tiene fecha de
caducidad, y eso nos conduce a decidir qué hacer en todo momento en cada paso que
vamos dando. Somos hijos de la vida, somos constructores de nuestra dicha y
felicidad.
Este despertar es el legado que nuestro hijo Ernest nos ha
dejado. Su cariño traspasó las paredes de nuestra casa, de nuestra familia, de sus amigos y se expande por todos
lados. El amor de Ernest es latente, y
continua creciendo más allá de su presencia física.
Todo lo vivido con él no ha quedado solo en recuerdo. Hemos
aprendido a vivir compartiendo lo mejor de nuestros días, nuestros mejores pensamientos, nuestras acciones. Su amor es una
bella flor que seguiremos cultivando y cuidando con amor, dicha y felicidad. Así
lo sentimos y así lo sentiremos siempre.

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