jueves, 20 de octubre de 2022

Esto somos

Ernest, qué profundidad adquiere  en ocasiones mi vida,  nuestra vida, desde que volviste a la Luz... Continuamos recibiendo nuevas familias que acaban de despedir a sus hijos y vienen a nosotros porque han encontrado nuestro libro, porque han visto nuestras conferencias o porque alguien les ha hablado de nosotros..

Vienen y compartimos con ellos este amor tan grande que has puesto en nuestras vidas, y  compartimos su dolor, su momento, su miedo...  pero  también su anhelo de encontrar un sentido a la partida de sus hijos, un sentido a su vida con ellos, la emoción  de afirmar lo que en el fondo y en su nueva vida están sintiendo: las señales de aquel ser amado que, sin estar, les está mostrando cómo sí que está...

Y sentimos latir en ellos este Amor inmenso que se manifiesta cuando la vida te da la vuelta y te gira como un calcetín, cuando ya el remolino en el que te desbordas parece que se ha calmado lo suficiente como para poder abrir los ojos y sorprenderte al ver quietud, cuando entre el dolor, el desconcierto y la duda continuas sintiendo el amor, el tuyo para ellos y el suyo para ti, y es un amor que brilla entre las nubes, una chispa que por momentos luce y que de alguna manera te sostiene.


Cuando puedes recoger esta chispa, ponértela en la mano y reconocer en ella el amor de tu corazón  que te resguarda del frío, y la claridad que se esparce entre la oscuridad, cuando puedes agarrar fuerte este hilo luminoso la madeja se empieza a desenredar y aparece un camino incierto,  pero un camino al fin, que puedes ir estirando y siguiendo, si decides seguirlo y no quedarte en la oscuridad. Tiene una sola dirección: hacia tu interior, siempre hacia dentro, cruza en medio del dolor, del miedo, de la añoranza más honda y va dejando una estela de luz allí por donde pasa.

Y en esta estela estamos  nosotros, acogiendo a los que quieren seguir el impulso que se abre en  ellos cuando descubren que hay alguna cosa por descubrir, cuando aceptan que hay alguna cosa que continúa, una conexión que los llama, un amor que saben de quién viene. 


"Sí, mama, vosotros estáis en esta estela de luz que acoge, que abraza, que sostiene. Sois este cordón luminoso que da la mano, que abre el corazón, que transmite la esperanza del Amor más grande, la luz más brillante de vuestro corazón. Los podéis acoger porque habéis cruzado el camino selvático donde no parecía posible adentraros... pero es que creemos en lo imposible, mamu, siempre lo habíamos creído, habíamos jugado con lo imposible, lo habíamos transitado juntos con la imaginación, con la fuerza de saber que todo es posible.... Pensábamos que era un juego, pero no, mama, era un aprendizaje, nos estábamos entrenando para dar el salto más grande,  para atravesar el abismo más profundo... y siempre con aquella alegría, aquella abertura, aquella certeza de saber y sentir que nunca nos  dejaríamos, que éramos uno, que siempre seríamos  uno.

Mama, habéis encontrado nuestro para qué,  habéis encontrado respuestas que os han abierto un sentido más allá de toda visión terrenal: el amor. El amor que no rompe, que no recorta, que no termina, el amor que no conoce fronteras ni limitaciones, el amor que late en nosotros porque esto es lo que somos: una fuente infinita de amor que aprende a ir más allá de lo conocido, de todo aquello tan limitado por nuestros esquemas mentales y terrenales. La magia existe, sí, es esta magia que ha recompuesto nuestras vidas en una de sola, infinita, larga, extensa, sin límites. Aquí estamos,  mama, fuera de todo contexto, de toda norma, de toda razón. Éstos somos nosotros, esto somos." 

                                                                        Ernest


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