martes, 19 de agosto de 2025

 NO HAGO NADA

Cuando trabajaba en la Escuela infantil, hace ya algunos años, una tarde me llamó la atención una niña de 2 años que estaba sentada en el orinal y miraba lo que pasaba a su alrededor. No se movía, no gritaba ni reía, solamente miraba, solamente estaba. La miré durante unos minutos y me llegó al alma su atención, su centramiento, y no pude resistir la tentación de preguntarle qué hacía… Me miró profundamente,  sin moverse, y me dijo: “No Hago Nada”, recalcando las tres palabras sin cambiar su mirada. Y aquella mirada y aquella respuesta me llegó al fondo porque, era cierto, no hacía nada, pero en aquel no hacer nada, lo hacía todo. Toda ella era presencia; sin estar, estaba en todo, era. Le di las gracias internamente, porque me acababa de ofrecer una lección de vida inmensa. Pronto me jubilaría y mi deseo máximo para esta nueva etapa era poder hacer solamente lo que tuviera ganas de hacer y no tener que hacer nada que no sintiera. Yo quería ser como ella.

NO HACER NADA  es un regalo, un regalo al que no estamos acostumbrados y que, cuando lo tenemos en las manos, muchas veces no sabemos qué hacer con él, nos viene grande, nos sentimos incómodas, parece que estemos haciendo alguna cosa mal y sentimos la necesidad urgente de llenarlo de alguna cosa. Y es que estar sin hacer nada, es estar con nosotras mismas, es la oportunidad de mirarnos cara a cara a solas y sentirnos, darnos permiso para sentir qué es lo que  nos gustaría hacer, qué es lo que nos viene de gusto sin pensar que estamos fallando a nadie… Y no sabemos hacerlo.

No sabemos estar con nosotras mismas porque normalmente siempre tenemos la mirada enfocada hacia fuera, hacia lo que vemos, hacia lo qué nos dicen, hacía lo que piensa la opinión general, hacía lo que tenemos que hacer, hacía lo que debemos pensar y lo que debemos decidir…Y afuera hay mucho ruido, muchas opiniones contradictorias, mucha prisa, muchas maneras de hacer y de pensar, mucho miedo, mucho estrés, mucha incerteza…Y en todo este batiburrillo nos movemos, respiramos, trabajamos e intentamos encontrar nuestro lugar,  nuestra parcela que nos identifica para ser escuchados, para ser tenidos en cuenta, para sobresalir del anonimato, para ser alguien, para ser amados, porque en el fondo todos necesitamos sentirnos amados.

Vivimos,  de manera inconsciente muchas veces, en la eterna necesidad de hacer y de manifestar que somos; constantemente hemos de estar haciendo alguna cosa porque tenemos una lista muy larga de cosas que tenemos que hacer y que hemos de hacerlas aprisa para poder hacer aún más. Todo va tan deprisa, todo pasa tan rápido que vivimos con la angustia de tener que hacer para no quedar fuera de la carrera. ¿Qué carrera? No lo sé, pero es preciso correr, todo nos impulsa a correr aceleradamente hasta que, un día, quizá la vida o quizá nosotras misma nos paremos y nos demos cuenta que nada de todo esto tiene que ver con quién somos realmente, que toda esta necesidad de correr, de comprar, de tener, de ganar dinero, de destacar, de ser alguien ya no tiene sentido porque está vacío, porque nada de todo esto puede darnos lo que realmente buscamos, que es amor, que es esta paz, esta perfección con la que venimos al nacer…

Y en medio de tanto caos, un oasis: NO HAGO NADA… Paz, serenidad, calma, observación plena, completitud, totalidad, conciencia.

No hacer nada es hacer mucho. Es dejarte sentir, dejarte observar, es dejar que las cosas pasen sin intervenir, sin tener  la necesidad de intervenir, sin sentir la necesidad de tener que hacer, de tener que decir, de tener que hacer… Poder vivir lo que tu cuerpo te pida confiando que cada día, a cada momento, la vida te pone delante aquello que llega y que es para ti. Dejar la necesidad constante de ser este personaje que tu ego te hace creer que eres y centrarte en lo que sientes. Entrenarte a no hacer, a no decir, a escuchar y respirar antes de manifestar aquello tan importante que necesitas decir y que, después de respirar, te das cuenta que tampoco es tan importante…

Tú eres la primera persona a quién debes amar. Tú eres la que te acompaña desde que abriste los ojos a este mundo y la que te acompañará cuando sea tu momento de salir de él. Sé tu mejor amiga, conócete, respétate, ámate, acepta todo lo que sientes, te guste o no, es tu mente la que te hace juzgar y la que te hace creer que tendrías que ser de otra manera. Eres única, no hay otra persona como tú, ni existirá nunca. No dejes que nada altere tu felicidad y paz interior. Continua viviendo ahora y aquí sin acelerar ni frenar nada. Todo llega cuando tiene que llegar y lo único que necesitas es agradecer y amar cada momento, porque todo cambia.

La sociedad nos confunde mucho y sabe cómo encantarnos y deslumbrarnos, pero no olvidemos nunca la pequeña hada, el pequeño mago que llevamos dentro y que es nuestra luz, única, perfecta, la que no juzga, la que no excluye, la que no exige nada, solo espera, solamente espera que la mires, que la reconozcas, que la escuches, que la veas, que juegues con ella, que rías, que hagas realidad todos tus sueños, que seas valiente porque ella eres tú, tu verdadero ser, de viaje temporal por la Tierra, para aprender a discernir el amor incondicional y eterno entre toda esta fanfarria falsa y escandalosa, vacía y finalmente triste que nos ofrece esta sociedad tan brillante y tan engañosa.

Aprendamos todas y todos a poder decir, de vez en cuando desde el corazón… No Hago Nada… y quedémonos en paz. Gracias, gracias, gracias.

Maria Dolors Beltran Boixadera

mamasocaqui.com

 

 

 

 

 

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