miércoles, 17 de septiembre de 2025

 EL PODER DE LAS PALABRAS

¿Os habéis fijado que estamos rodeados de palabras? Están por todas partes y su eco nos acompaña siempre, incluso cuando cerramos los ojos y estamos en  completo silencio. Las palabras nos llenan la cabeza, las tenemos grabadas en todas partes, en la mente, en el corazón, en las manos… Las utilizamos continuamente, incluso cuando tenemos la boca cerrada. Las palabras laten en nosotros.

Las palabras tienen un gran poder en sí mismas, y aún cuando hay sinónimos que comparten un significado común, cada palabra tiene su propio color, su propia música, su aroma, su tacto, ninguna es igual. Hay palabras que acarician, que abrazan, que capacitan, que hacen crecer alas, que consuelan, que abren el corazón, que serenan el alma, que crean paisajes increíbles, que te hacen creer en ti, que te liberan, que te lanzan al futuro.

Así mismo, hay palabras que  hunden, que cierran, que recortan alas, que incapacitan, que rompen el corazón, que destrozan el alma, que esclavizan, que te hacen conocer el odio, que aplastan, que frustran iniciativas, que hacen llorar, que duelen mucho.

Las palabras que crecen en nuestro interior y explotan al exterior inconscientemente, sin pensar, sin medida alguna,  tienen el potencial suficiente para poder convertirse en amor o para convertirse en verdugos, según sea el vestido con el que vienen envueltos. Lo qué fija realmente su identidad en quién las recibe es la intención y la entonación en las que son expresadas: una misma palabra puede hacerte crecer como un árbol frondoso o puede hacerte encoger como un gusano bajo tierra, te puede dar fuerza y vida o te puede enfermar y anular. La magia de la transformación no la dan las palabras solas, sino la intención y la entonación en las que son dichas.

Los niños y niñas cuando son pequeños no entienden el significado de la mayoría de las palabras que les contamos, reaccionan a la calidez o a la frialdad que transmiten según sea nuestra entonación,  el tono con el que les estamos hablando, la manera cómo los miramos a los ojos, cómo los llevamos cogidos en brazos… Leen nuestro estado de ánimo y sienten en su cuerpo la verdad o la indiferencia de aquello que les estamos diciendo. No comprenden el significado, pero comprenden el amor y también el desamor de aquello que desprendemos más allá de las palabras. Y actúan en consecuencia.

Sí, las palabras tienen  un enorme poder y la mayoría de las veces no somos conscientes de  ello. Las utilizamos del derecho y del revés sin saber que tenemos una varita mágica en la garganta que puede hechizar y crear  luz, mucha luz a quién va dirigida, o puede convertirse en una espada cortante y punzante que da lugar a la oscuridad, mucha oscuridad a quien la recibe.

Hay personas que encierran las palabras a su propia medida y así se convierten en jueces para el resto del mundo. Utilizan este tesoro valioso para ensuciar todo aquello que no les gusta, o no entienden, o no  son capaces de hacer, o de intentar, o de imaginar. Desde la ventana más alta de su castillo contemplan el mundo por una rendija, adaptada a la medida de su miedo, y desde este refugio lanzan críticas, juicios y quejas a todos y a todo. Son los Magos de las Palabras Oscuras.

Hay personas que intentan contemplar el mundo con una mirada más ancha, más libre, personas abiertas a aprender continuamente lo que la vida les enseña y les  aporta en su día a día, que intentar utilizar este tesoro valioso de la palabra para amar y respetar todo aquello que, aunque no les guste y no sepan si serán capaces de lograr, intentan vivir desde otra perspectiva más alta que los lleva a descubrir, a  imaginar y a compartir una nueva manera de ser y estar en el mundo más limpia, más amable, más gozosa. Desde su nueva realidad lanzan palabras de amor, de esperanza y trascendencia para volar más allá de lo nunca imaginado. Son los Magos de las Palabras Luminosas.

Es preciso tomar conciencia del poder que tienen las palabras que utilizamos para dirigirnos a los demás y también a nosotras mismas. Escuchémonos y escuchemos el eco que nos dejan dentro. Seamos cuidadosas, intentemos pensar antes de hablar y de cuestionar lo que dicen los demás y –una cosa que me enseñó mi mellizo hace tiempo- si lo que voy a decir no ha de servir para aclarar, iluminar o dar paz a quien me escucha, mejor callar, mejor el silencio.

Si vamos a hablar, tengamos claro cómo vamos a utilizar nuestra varita mágica,  que sea desde las palabras de los Magos de Luz. Necesitamos más luminosidad en la Tierra y también en nuestras vidas.

 

Maria Dolors Beltran Boixadera

dbeltra2@hotmail.com

 

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