EL MOMENTO PERFECTO
Cuántas veces nos preguntamos
cual será el mejor momento para emprender alguna cosa nueva que deseamos hacer,
pero que no vemos cuando comenzarla, quizá porqué nos da un poco de miedo,
quizá porque no sabemos cómo, tal vez porque sentimos que nos supera… Nacen las
dudas! Pero…
No existe nunca el mejor momento
desde la mente, existe solamente el momento perfecto para cada cosa cuando se
da, cuando ocurre, cuando llega. Un hijo no nace demasiado tarde ni demasiado
temprano, nace en el momento justo que está preparado para nacer. Un trabajo no
empieza ni termina antes o después de lo que pensamos, empieza y acaba en el
momento justo que llega el cambio. Una muerte no llega demasiado temprano o
demasiado tarde, llega en el momento justo que el alma decide partir. Una
enfermedad nunca aparece en el peor o el mejor momento que pudiera haber
sucedido, simplemente se manifiesta al exterior cuando necesita ser reconocida.
Todo llega en el momento perfecto que tiene que llegar. ¿Y cómo lo podemos
saber?... Pues porque está sucediendo, porque ya está aquí.
AHORA es el único momento
perfecto que siempre esperamos. Ahora, todo lo que pasa ahora, es perfecto. No
quiere decir que nos guste, que sea lo esperado, que nos convenga o no,
simplemente ha sucedido y, si ha sucedido, es porque es el momento que debía suceder
y que nosotros debíamos vivirlo.
No siempre son nuestras
decisiones, ni nuestras expectativas, ni nuestros pensamientos los que dirigen
nuestra vida, aunque pueda parecerlo, sino lo que viene, lo que llega, lo que
aparece en nuestro día a día y que nos va a llevar muchas veces por un nuevo
camino que no hubiéramos imaginado, que no sabemos cómo será, pero que bien
seguro nos traerá un nuevo aprendizaje.
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Lo que cuesta es aceptar, lo
instintivo es intentar luchar contra lo que ya es, contra algo que ya ha
sucedido y no queremos que haya sucedido, y podemos llegar a despotricar de
todo lo que no nos gusta o creemos que está mal, porque necesitamos desahogamos
de una manera u otra. Nos sentimos felices cuando lo que llega es de nuestro
agrado o responde a nuestras expectativas, y nos sentimos desgraciados cuando
lo que llega nos trunca esas mismas expectativas. No queremos aceptar, no
queremos ceder, no queremos ponérselo fácil a la vida.
Pero la vida somos nosotros,
nosotros somos los que estamos chapoteando en el rio mientras la corriente
continua su camino, y somos también nosotros los pájaros que levantan el vuelo
con sus trinos. Nosotros somos los que estamos gritando y también somos el
silencio más profundo y sereno. Nosotros somos todo, la risa y el llanto, la
felicidad y la angustia, la guerra y la paz, la compasión y el odio, el
nacimiento y la muerte, el coraje y el espanto, la creatividad y la
inactividad… Nosotros somos la vida que vivimos y todo lo que nos ocurre son
capítulos que venimos a vivir para descubrir el tesoro escondido que contienen.
Si la vida somos nosotros… ¿Cómo
no aceptarla cuando llega el final de nuestra resistencia a negarla? No hablo
de claudicar, de rendición, de victimismo. Hablo de aceptación, de abrirnos a
la vida que Es con la conciencia que no estamos nunca solos, que hay un Amor
infinito que sostiene nuestro ser y que vive en nosotros. Hablo de agarrar el
toro por las astas, mirarlo a los ojos y hacerlo a un lado para contemplar lo
que hay detrás y dar un paso adelante. Hablo de comprender que cada momento es
el momento perfecto para continuar creando nuestra vida y para lo que tenga que
llegar, sea del color que sea y del gusto y la textura que sea.
Estamos a la puerta de un nuevo
año, llegan las intenciones y los deseos, y el mío es que cada persona
encuentre su momento para ir avanzando en el conocimiento de uno mismo y de
todo nuestro potencial escondido y latente. AHORA es el momento perfecto para
confiar en quienes somos y en lo que nos llega, porque somos mucho más
poderosos que todo lo que nos sucede y nos sucederá en este tránsito terrenal y
aceptado.
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