LA VIDA ES UN REGALO
Sí, un regalo envuelto en papeles de muchos colores y texturas diferentes, un regalo de aquellos que hacen algunas familias escondiendo los paquetes que han dejado los Reyes, para que los hijos los encuentren siguiendo las pistas y las frases enigmáticas por toda la casa, hasta que logran encontrarlos.
A veces el regalo es evidente, se encuentra a primera
vista, casi sin pensar. Otras veces, el regalo se esconde detrás de lugares y
envolturas tan poco atractivas que hasta que no topas con ellos no los ves, ni
tan solo los reconoces. Hay regalos para todos los gustos: dulces,
refrescantes, amargos, picantes, ácidos, agradables al paladar o,
decididamente, desagradables; algunos responden a nuestras expectativas y otros
nos descolocan totalmente. Incluso hay regalos que no los descubres hasta que
ha pasado tiempo, hasta que llega un momento que reconoces que aquello tan
inaguantable ha sido, al final, un regalo precioso debajo de un papel que nunca
hubieras elegido o imaginado.
Nuestro paso en la vida no empieza con la gestación y el
nacimiento, ni acaba con la muerte física del cuerpo. Pero el cuerpo es el
primer regalo, imprescindible, para venir a vivir en la Tierra. Necesitamos
este vestido único y especial para movernos en esta tercera dimensión, de la
misma manera que necesitamos un traje especial de buzo para vivir y explorar el
fondo marino, como necesitamos el vestido de astronauta para viajar en el
espacio y tantos trajes especiales como haga falta para investigar aquello que
está más allá de lo conocido.
Nuestro primer regalo, el cuerpo físico, es un vestido
con data de caducidad y, cuánto más tiempo lo utilizamos, inevitablemente se
irá desgastando hasta que llegará un momento que ya no nos será útil o ya no
nos servirá, y lo abandonaremos para dejar este mundo y volver a nuestra
esencia, a la Unidad, allá de dónde venimos, allá donde volveremos inevitable y
oportunamente, con una gran felicidad, a la verdadera esencia de amor y luz que
somos en realidad.
Habremos terminado nuestra excursión en la Tierra y
trascenderemos este plano para ir a otro, con todos los regalos que habremos
descubierto durante nuestro camino terrenal, aquellos que son invisibles a
nuestros ojos físicos, que no pesan, que no se pueden comprar en las tiendas,
ni robar a otros, que no son materiales y que son los que realmente nos hacen
vivir: el amor en todas sus manifestaciones, el amor en mayúsculas, el Amor
incondicional.
El Universo, con sus 13.840 años de edad, con sus dos
billones de galaxias, cada una, a su vez, con billones de estrellas y planetas
que giran a su alrededor, continúa expandiéndose. Nuestro planeta, la Tierra,
con sus decenas de billones de especies de todos los reinos de la Naturaleza,
mineral, vegetal y animal, cada especie con mil millones de componentes,
incluyendo la especie humana, los ocho mil millones de seres humanos de los
cuales yo, y cada uno de nosotros, somos solamente un representante de este
planeta que se calcula que hace más de 4.500 millones de años que orbita
alrededor del sol y que gira sobre sí mismo, en una rotación perfecta.
Todo lo que existe en el vasto Universo está en absoluta
sincronía, todo tiene un orden natural perfecto que hace que todo gire en
armonía desde hace miles y millones de años. Intentad imaginar, cuando miréis
el cielo en la noche toda esta inmensidad y después volved, poco a poco, a
vuestro y a mi pequeño yo… Todo en el vasto Universo está como corresponde. Lo
único que está inquieto en él somos nosotros, soy yo, eres tú… Lo demás está
todo en su sitio.
Cuando nos damos cuenta de la inmensidad de la que
formamos parte, tan perfectamente diseñada; cuando sabemos que somos la misma
energía que todo lo que nos rodea, chispas de la misma energía de sabiduría y
amor que ha sido y es capaz de diseñar, ordenar y mantener toda la existencia
en movimiento, esa evidencia debería de hacernos humildes y, obviamente, más
humanos, más amorosos y reírnos de nosotros mismos cuando nos oímos criticar la
absurdidad del mundo.
¿Cómo es que nuestra vida no está en su lugar? ¿Cómo es
que creemos que el ser humano está por encima de toda la creación? ¿Que somos
amos de todo lo que existe y vive y que proclamemos sin ningún escrúpulo que
aquí hay algo que no funciona, que se tiene que cambiar, que está mal hecho?
La vida nos enseña que todo está en su lugar, que nada es
casual, que existe una Conciencia infinita y amorosa que sostiene todo el
Universo. ¿No creéis que la vida merece que confiemos en ella? ¿Que ya es hora
que pongamos atención en las cosas que nos pasan, en las experiencias que se
repiten, en las señales que nos llegan al corazón y en nuestra intuición, para
empezar a transformar todas nuestras vivencias en regalos de vida? Somos parte
de este Universo perfecto y amado, somos muy amados, estamos sostenidos y
acompañados, nunca estamos solos.
No es fácil amar en medio de la materia. Para amar de
verdad es preciso reconocer nuestro verdadero ser dentro de nosotros mismos.
Recordar y reconocer quienes somos, no identificarnos con este cuerpo físico,
sino con quien habita en él. No identificarnos con estos pensamientos
reiterativos y angustiosos, sino en quién está observando estos pensamientos.
Nos es preciso separa el grano de la paja: qué es apariencia y qué es esencia,
qué es lo que nos hace sentir bien y en paz, y qué es lo que nos hace sentir
mal y no queremos ni necesitamos para nuestro crecimiento personal y único.
Es preciso cambiar la propia mirada negativa sobre lo que
nos pasa para que lleguen cambios a nuestra vida. Es necesario confiar,
escuchar, mirar con otros ojos, ser capaces de dar un paso más allá para
contemplar nuestra pequeñez y acercarnos, con ella y en ella, a la inmensidad
de la Existencia que es Amor.

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