ESTOY DE EXCURSIÓN
Estoy de excursión aquí, en la Tierra, recreando un
personaje que he elegido representar desde que nací, con el nombre que me
dieron mis padres.
Estoy de excursión aquí, cuando ahora sé que no soy de
aquí, que no soy este cuerpo, que no soy este personaje, que soy espíritu que
está de paso y que siento nostalgia de regresar al deseo de libertad que
siempre he sentido dentro de mí. Aquel anhelo de volar más allá de todo, bien
arriba, planeando por encima de los líos mentales, los miedos y las
preocupaciones terrenales que nos hacen esclavos del mundo.
Estoy aquí y sé que estoy de paso, que un día me desharé
de este cuerpo y del peso que este cuerpo carga, me elevaré y retornaré a mi
esencia de luz, libre, amorosa y sabia, para reunirme con los seres amados que
me han precedido, que me esperan, que me velan y me acompañan… ¡Qué felicidad!
¡Qué liberación! ¡Qué estado de dicha increíble! Ernest, papa, mama, Àlvar…
¡será precioso! Ya sé que no soy capaz de abastar con esta mente terrenal nada
de lo que será… Pero siento su perfume, intuyo su música lejana y la respiro.
Estoy aquí y vosotros estáis allá, que es también aquí.
Sé que me veis, que me sentís, que me sonreís, ¡Y veis todo lo de aquí tan
pequeño! ¡Tan ínfimo!
Estoy aquí, no sé hasta cuando, pero después será como un
suspiro y me veré, me reconoceré y seré yo. No el yo pequeño, sino el Yo
inmenso que sonreirá y amará profundamente este personaje que estoy creando
ahora cada día, a cada momento, y que poco a poco se va liberando de tanto
lastre.
Sí, soy yo y ya vengo, ya estoy viniendo.
* “Tienes que
ser consciente que estás viviendo y experimentando un juego en un tablero de
pistas, en un gran puzle que continuamente se amplia y en el que las diferentes
piezas se van acoplando y van dando forma a la vida, a la comprensión, al amor.
Mamu, es un juego. No un juego cruel, sino un juego de amor. Las pruebas te las
has marcado tú misma antes de venir, los personajes que aparecen en él, ya sean
compañeros o antagonistas, los has elegido tú; las situaciones las has diseñado
tú y has aceptado las normas del juego: no recordar quién eres, no recordar que
es un juego para así ser capaz realmente de recorrer el camino que te has
marcado con el objetivo de acabarlo con los tesoros encontrados y rescatados.
Tú has elegido el día de venir y el día de volver. El recorrido es libre,
puedes hacerlo tan amplio o tan directo como quieras. Tienes la libertad de
equivocarte, de coger curvas o atajos, de encontrarte con muros de contención y
trampas, o paraísos donde soñar y relajarte, y tienes que tener en cuenta los
arrecifes que tus compañeros de juego pueden poner también en sus vidas…
Siempre tienes dentro de ti la chispa de tu esencia, de tu alma que te habla,
te guía y te llama, pero libre es tu elección de escucharla o no.
Cuando acabas
el juego regresas a casa, feliz de volver, de recordar. Entonces miras como has
realizado tu juego, ves y recreas todo aquello que has hecho y recoges los
tesoros. Si hay pocos o muchos no importa, recoges todo el amor que has
descubierto y ganado, porque el juego puedes hacerlo tantas veces como
necesites o como eliges, tu evolución siempre es tuya. Cuanto más avanzas, cada
vez te cuesta menos en la Tierra de escuchar tu alma y, cuando la sientes, ya
no la puedes ignorar. Y el mundo real, o
sea, el espiritual, se empieza a dejar notar en la Tierra y el juego se
transforma, es como jugar a dos juegos a la vez, el terrenal y el espiritual,
solo que éste último va iluminando al otro y empieza a darle una perspectiva
que lo hace más respirable, más divertido, menos limitador.
Vuestra
evolución, papás, como la mía aquí, con todo lo que he vivido en la Tierra con
vosotros, con todo lo que me habéis hecho crecer con vuestros descubrimientos y
con vuestra abertura, continuará y se hará inmensa. ¿Te imaginas, mamá, cuando
nos reencontremos aquí, lejos de toda limitación?”
Estoy de excursión en la Tierra y, mientras esté aquí,
amo y amaré este juego que me ofrece todas las posibilidades para reconocer
quién soy detrás de mi personaje y descubrir el amor que se esconde tras cada
situación.
*(extracto del libro “Mama, estoy aquí”)

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