LA OPORTUNIDAD DE LO IMPREVISTO
Estas vacaciones de Semana Santa estuve nueve días
en Nueva York. La verdad es que nunca había sentido deseos de visitar esta
ciudad, las grandes urbes no me llaman mucho la atención, antes hubiera elegido
muchos otros destinos diferentes, pero, a pesar de todo, he estado en Nueva
York. Y no me arrepiento.
No he ido solamente con mi pareja, ni en ningún
grupo de viajes organizados de gente diversa, ni con amigos que nos hemos
juntado para esta ocasión, ni con la familia, no. Tampoco hemos ido solamente
para visitar la ciudad como turistas, que también lo hemos hecho y gozado, pero
lo más deseado, lo más especial, lo que nos hacía diferentes, es que fuimos a
Nueva York para cantar.
Canto en un coro desde hace mucho tiempo, Chicho
también, un coro que empezó hace 28 años en mi pueblo y que ha ido continuando
hasta ahora. Somos un grupo de 19 personas que amamos cantar. Cantar es una
forma de amar, porque nos une, nos enseña a cooperar, a escucharnos mutuamente,
a compaginarnos y a disfrutar de la música. Con ella, el cuerpo, el corazón y
el alma crecen, se expanden.
Hace un año
y medio aproximadamente, al final de uno de los ensayos se escuchó una
propuesta: “¿Vamos a cantar a Nueva York?” Y los gritos de felicidad estallaron
en el local.
Al principio no compartimos tanta euforia, no era
un lugar tan deseado para nosotros, pero no dijimos que no, porque la alegría
de todos no merecía otra cosa. Era solo
una propuesta y quedaba un gran recorrido hacia delante para realizarla, si es
que llegaba a tomar forma. Partíamos de
cero y teníamos que llegar a mil, tanto económicamente, organizativamente, como
artísticamente. Empezamos los ensayos de las nuevas canciones que queríamos
cantar en Nueva York, nos dimos a conocer por las redes sociales, aumentamos
los bolos, vendimos lotería… hicimos todo lo que se requería para conseguir un
sueño, nuestro sueño. Y me llené de agradecimiento cuando día a día crecía mi
entusiasmo y me daba cuenta de la oportunidad que se me estaba ofreciendo para
conocer un lugar que, si hubiera sido por mí, nunca hubiera conocido.
![]() |
Ahora, ya de regreso, constato que Nueva York,
efectivamente, ha sido una experiencia bien única. No hubiera podido pensar
nunca que me sentiría tan segura allí, que llegaría a encontrar tan bonitos los
rascacielos cuando esto me parecía imposible, que vería calles y barrios
tranquilos, anchos, llenos de naturaleza donde las familias pasean y las niñas
y niños van tranquilamente en bicicleta y, no muy lejos de allí, existen otros
barrios tan contrastados que parecen países diferentes.
Todo respiraba con una libertad que se balanceaba
en un equilibrio frágil ante nuestro razonamiento y moralidad europea, pero que
allí se sentía natural, como las luces y el caos de las noches en los puntos
neurálgicos donde tanta gente diferente se junta compartiendo el espacio,
compartiendo la vida, tan diversa como sea posible, cada uno a su aire y al
mismo tiempo.
Continuamente me sorprendía alzando la mirada para
ver cómo empezaban y donde acababan los rascacielos que me obligaban a recordar
donde estaba para abrazar y disfrutar este regalo que nunca hubiera vivido si
fuera por mí.
Todos los lugares que hemos ido visitando y la
intensidad de sensaciones que hemos experimentado y vivido, las anécdotas del
día a día, la maravilla de sentir a Ernest cómo intervenía en nuestras
circunstancias allí también, entre nosotros, encontrar personas buenas y
desconocidas en medio del ir y venir de tanta gente, contemplar cómo la luz del
día se apaga mientras las luces de los grandes gigantes de cristal se encienden
paulatinamente, poder recorrer las calles y rincones más desconocidos con otros
catalanes que ya hace años que han hecho de NY su casa y que nos acompañaron a
descubrirlos… Y poder compartir todo esto entre nosotros, las personas amigas
con quien hacemos crecer este corazón que nos une cantando, que nos queremos y
nos cuidamos tanto los unos a los otros es un privilegio.
CANTAR… Hemos cantado en todas partes, allá donde
nos habíamos imaginado, allá donde queríamos cantar y allá donde sentimos la
inspiración de hacerlo en el momento… Cantar y conectar con la gente que se
paraba, nos rodeaba, nos escuchaba y vibraba con nuestra música fue
gratificante y precioso; gente que después nos pedía en qué idioma estábamos
cantando y nosotros les contestábamos emocionados: en catalán, nuestra lengua… Esto es un regalo
que no tiene precio.
He intentado dibujar una breve pincelada de lo que
hemos vivido en estos nueve días que ahora parecen un sueño, pero un sueño
real, porque lo hemos hecho posible, lo hemos hecho realidad. Ahora estamos
aquí y hemos vuelto más enriquecidos, más fuertes, más alma, sabiendo que somos
capaces de hacer aquello que de entrada parece imposible si nos lo creemos, si
hacemos una sola piña, si nos mantenemos unidos y confiamos siempre los unos en
los otros.
A veces llegan oportunidades que ni tan solo
buscas, pero vienen, llegan y se convierten en regalos de vida que te impulsan hacia
nuevos horizontes, hacia nuevas realidades, hacia nuevas miradas.
Maria Dolors Beltran Boixadera

No hay comentarios.:
Publicar un comentario