miércoles, 25 de septiembre de 2024

AMAR SIN LÍMITES

Este agosto hemos visitado nuevamente mi segunda patria, el Perú, la tierra de mi esposo Chicho y el lugar desde donde mi hijo Ernest sintió la llamada del  Amor y partió de este mundo físico.

Nuevamente a Perú...  ¿Cuántas veces habremos viajado allí? Tendría que contarlo bien para saberlo.  De nuevo otro viaje sin ti físicamente a nuestro lado, querido Ernest. Se hace extraño y sabido al mismo tiempo.

Este verano se cumplieron 12 años desde aquel día que nuestra vida dio un vuelco, el día que tú seguiste contento el impulso que te hizo trascender de este mundo y nosotros supimos que te habías ido y todo se volvió un caos: al mismo tiempo que sentíamos el dolor más grande sentimos también  la fuerza  más grande, que no sabíamos de donde nos venía,  pero que nos levantaba y nos sostenía y nos empujaba a hacer todo lo que teníamos que hacer.

Y de nuevo sentí tu presencia, ya no física, sino sutil, profunda, inesperada, cálida y certera que acompañaron  tus palabras dentro de mí:

“Mamá, no llores, todo está bien”. 

Y, a partir de aquí, el mundo volvió a cambiar. Nuestra percepción cambió, se despertó y se amplió; las prioridades materiales cambiaron, pero la prioridad más grande se hizo enorme: Tú, nuestro hijo amado que nos amas tanto…  Nuestra prioridad de ti se amplió y lo llenó todo, y te descubrimos de nuevo de otra manera, sin los sentidos físicos habituales, y nos comunicamos de otra manera, la verdadera, la del corazón, la de dentro, la que iba creciendo cada día y nos iba haciendo crecer cada día.

No morimos detrás de ti, sino que volvimos a nacer desde dentro, con otra mirada y otra comprensión de nosotros mismos que nos fue abriendo también a otra visión de los demás, del mundo, de la vida y de la muerte.



De todo esto, el día 10 de agosto hizo 12 años, de los que no tengo noción de cómo han pasado porque el paso del tiempo también nos ha  cambiado, no existe, pueden pasar un montón de años, pero todo está ahora y aquí, estamos juntos ahora y aquí.

Me encontraba en el avión con Chicho y me venían los recuerdos de anteriores viajes contigo físicamente aquí, Ernest, de cómo vivimos  nuestro tiempo de estar juntos y de amarnos tanto. No sabíamos nada de lo que pasaría en nuestro rol terrenal, pero vivíamos el presente tan intensamente que, sin saberlo, nos estábamos preparando para el cambio tan grande que nos esperaba, que habíamos pactado vivir y experimentar, de algún modo, antes de nacer.

Ahora también, precioso, sé que lo más importante para mi  será  el reencuentro que llegará en algún momento, la comprensión que tendré, la sabiduría que me envolverá cuando también yo deje mi cuerpo aquí y me funda nuevamente en ti sin ningún límite, ni de cuerpo, ni de consciencia… Éste es mi anhelo y mi ilusión, sé que llegará.

Quiero continuar viviendo en la Tierra el tiempo que me quede con Chicho, con mi familia amada, con toda la gente que me quiere, mis compañeros de vida de cuatro patas que aún tienen que llegar a mí,  y siempre contigo.  Contigo en mi corazón, contigo en mi sentimiento, contigo en las  señales y los mensajes que me haces llegar, contigo dentro de  mí, sintiéndote, amándote, riéndonos, libre de cualquier limitación o imposición que no venga de este amor, Ernest de mi alma.

 

“Mamá, estoy aquí contigo, estoy leyendo lo que escribes, te estoy sintiendo y viajo con vosotros. Continúa caminando, sintiéndote, escuchándote, no temas nada de lo que se abre en tu camino. Todo lo que te llega te enseña y te hace ir más allá. Todo está en ti, mamá, no puedes perder nada porque todo está en  ti, vive en ti.

Creo en ti, te amo, te hablo, te toco y me sabes. No dudes de ti, de tu amor, de tu fuerza.  No te quedes con ningún miedo,  míralo, escúchalo y déjalo ir. Ahora mismo estás viajando en las alturas, cerca del  cielo, y todo continúa en ti. Es la vida que vive en ti y que se crea en ti. La vida es este aliento de energía que te hace vivir en la Tierra y que un día ya no volverá  a tu boca, sino que se expandirá y te llevará a mí, volverás a tu verdadera esencia y a tu consciencia increíble de Amor.

Mamá, vive este viaje intensamente, como lo habéis vivido desde el principio, viviendo cada sorpresa inesperada, sean del color que sean,  porque todas ellas son flores que te vienen a recibir y crecen en el camino cuando tú pasas, ya lo sabes.

Ríe, mamá, y sobretodo ama a todos y a todo lo que vas a encontrar. Sé amor, no personalidad. Sé aquella maravilla que eres cuando no estás. Deshazte de cualquier molestia, de cualquier pensamiento de carencia o  de obligación. Déjate ser quien eres, déjate libre para vivir tu vida,  estaré contigo siempre.”  

                                             Ernest                                                                                                               


No hay comentarios.:

Publicar un comentario